La Asociación Infancias va a celebrar el próximo 29 de enero, a las 20 horas, una actividad online gratuita que llevará por título «La complejidad de la parentalidad hoy: desafíos y oportunidades». Las inscripciones pueden realizarse desde este enlace.
Un espacio de reflexión para las familias que contará con la participación de la presidenta del Colegio de Enfermería de Alicante, Montserrat Angulo, junto a la que estarán presentes en esta actividad la psiquiatra Paloma Navarro y la maestra y psicopedagoga Mari Carmen Diez.
Tal y como indican desde la Asociación Infancias, el entramado educativo empieza desde muy temprano. Antes de nacer un niño ya hay unas ilusiones puestas en él, una opción hacia el modo en que será educado, un surco, un hueco, un cobijo lleno de afecto, de ley, de cultura, de recibimiento, de historia. Y cuando el niño llega, se ponen en acción todos los mecanismos familiares y sociales que van a apadrinarlo para que pueda ser incluido en el lugar y momento histórico que le ha tocado vivir. Si hay suerte y las cosas vienen de cara.
Para lograr crecer y desarrollarse saludablemente el niño necesitará encontrar un modo efectivo de comunicarse con el mundo exterior. Sus tanteos empezarán desde el mismo momento en que nace y se llevarán a cabo a partir de todos los canales expresivos posibles. De hecho, el niño pequeño nos habla de sí mismo con los lenguajes que conoce mejor. Con su cuerpo, con sus movimientos, con sus juegos, con sus lágrimas, con sus enfermedades, con sus sonrisas…
En estos primeros tiempos el niño necesita ser cuidado y atendido, escuchado, mecido y cantado. Necesita que se juegue con él, que se le invite a la risa, al movimiento, a la autonomía. Que no se le exponga a tensiones que no podría elaborar y quedarían prendidas en su frágil psiquismo. El niño necesita primero disfrutar de la seguridad del núcleo familiar y después aprender a separarse de él. El niño necesita que se confíe en sus capacidades y que se le contenga en sus excesos. El niño necesita ser y que se aliente su identidad por estrenar.
Necesita aprender con placer, con ilusión, con apasionamiento. Tener a mano libros, amigos, juegos, adultos acompañantes en su aventura de descubrir. Tener una libertad de acción que permita equivocarse y crear. Tener unas normas que le permitan no desbordarse y respetar a los demás. Tener una escuela que espere y acoja, que dé cabida a sus individualidades, que permanezca abierta a los mundos que envuelven y conforman al niño. Mundos de adentro y de afuera. Mundos de hoy y de mañana. Mundos de uno y de muchos.
Sin embargo, las familias se encuentran en un momento difícil, con mucha invasión del exterior, con presiones desde el lado de lo económico, de lo laboral, con dudas, con inseguridades, con cambios profundos en la manera de estar y de concebir la vida. Nos encontramos en un momento en el que lo que se ve bien es lo nuevo, lo rápido, lo perfecto, lo placentero. Es el tiempo de las prisas, del «todo va perfecto», de los cambios enormes en las concepciones éticas y morales.
Se ha dado una rotura tan drástica e importante con el pasado, que cualquier tiempo atrás está bajo la consideración de «lo viejo», lo caduco, lo antiguo, lo inservible. Cosa que conviene a aquello del usar y tirar, de valorar lo joven, lo nuevo, y lo bello, y, claro está, del comprar incesante. La experiencia ha dejado de ser un valor.
De modo que los padres jóvenes van a la matrona, al pediatra, a la maestra o al psicólogo a preguntar hasta los más mínimos detalles de la crianza de sus hijos, porque no dan credibilidad a lo que podrían informarles sus mayores. Las familias se sienten solas, desorientadas, dependientes, en duda. Y responden como pueden, según su historia, sus características, su experiencia, su edad, su formación, su lugar de origen, sus circunstancias…
Se ha delegado también en los medios de comunicación. Por un lado, Internet es el nuevo «oráculo», la nueva magia, el nuevo saber. Aunque de paso lo que hace es seducir y crear un vínculo de dependencia, en el cual somos la parte débil y que nos llevará de la mano al consumir, al evadirnos, al identificarnos con modelos superficiales, violentos, tipificados, sin ley. En esa misma tónica del placer a ultranza, se ha impuesto también el tapar el dolor, la enfermedad, el abandono, el fracaso, la pena, la muerte… Porque es más sencillo y glamoroso hacer como si la vida fuese de color de rosa.
Dicen que nadie nos enseña a ser padres. Es una afirmación que viene cargada de culpa, de excusa o de pena, pero que sería bastante discutible, porque creo que sí que hay quien nos enseña, y son precisamente nuestros propios padres, nuestra estirpe. Aunque, eso sí, no hay fórmulas perfectas. No hay padres, hijos, abuelos o nietos ideales, no hay traspaso generacional sin agujeros, sin dudas, sin remiendos, sin su poco de dolor y su mucho de alegría. Cada cual pasa y entrega lo que tiene, lo que sabe y lo que es. Su historia, su herencia, su energía, su experiencia. Aderezado todo ello por el afecto, por los buenos deseos hacia el hijo o el nieto, y por la satisfacción de ver que emprenden sus vidas con sus propias características, con parecidos, repeticiones y diferencias.
A tenor de ello, desde la Asociación Infancias concluyen indicando que en el mundo de la crianza hacen falta unos cuantos cambios y que nos corresponde empezar a gestarlos, en vez de dedicarnos a repetir lo que ya hay, o a vivir con los criterios que otros nos imponen.
Para abordar esta situación se propone este espacio de reflexión para hablar y conversar de ello.
«La complejidad de la parentalidad hoy: desafíos y oportunidades».
Fecha: 29 de enero
Hora: 20 horas
Lugar: online
Inscripción gratuita desde este enlace.
















